Dos cuerpos se acercan hasta encontrar un punto de equilibrio. No hay palabras, apenas el pulso de una música que marca el compás y un abrazo que guía, escucha y responde. Desde Buenos Aires hasta cualquier rincón del mundo, el tango argentino reúne a personas que quizás no comparten idioma, cultura ni historia, pero que aprenden a comunicarse con el cuerpo. ¿Será que en la intimidad de ese abrazo el tango encontró un lenguaje propio, uno que no necesita traducción?
Ph: Shasha Cagen
Suenan los primeros acordes de un tango de Troilo con su inconfundible bandoneón, ella lo busca con la mirada, él la ve y la invita a bailar, caminan hacia la pista de baile, se acercan y se abrazan en el más profundo silencio, mientras la voz del cantor comienza su estrofa evocando a la Ciudad de Buenos Aires y a “El Bulín de la Calle Ayacucho”. Una calle que recorre los barrios porteños de Balvanera hacia Recoleta, donde quedaba ése departamento “bulín” en lunfardo, que generan un contraste con la Plaza del Trocadero junto a la Torre Eiffel en París.
La tanda musical de cuatro piezas, va transcurriendo sin que ellos pronuncien palabra alguna, mientras sus cuerpos dibujan figuras espiraladas y firuletes en un profundo abrazo. Las parejas de bailarines parecen entrar en un trance tribal, recorriendo la pista de baile en círculo, muchas veces con los ojos apenas entreabiertos para no chocarse. Suena la cortina musical, señal que terminó la tanda, las parejas se separan y vuelven a sus asientos, ella sonríe y le agradece en alemán, él le responde en inglés. Ellos no hablan español, sin embargo, el tango argentino tiene ése no sé qué: más que una danza o un estilo musical, se convirtió en un lenguaje universal de emociones y sentimientos compartidos que no necesita traducción porque se bailan corazón a corazón
En ese rincón de Francia ocurre lo mismo que en una milonga de Tokio, New York o Buenos Aires. Miles de personas en todo el mundo reorganizan sus vidas, alteran sus rutinas laborales o abordan aviones solo para viajar a algún Encuentro Milonguero y fundirse en un cuerpo ajeno.
¿Qué sienten las personas al bailar tango?
Achim de Frankfurt, contó que una vez una mujer le dijo que bailar una tanda con él era como viajar por las estrellas ,y él vio las estrellas en sus ojos. María de Sevilla, siente que el abrazo tiene el poder de hacerte conectar con uno mismo y con el otro en total presencia. Según Isolda de Río de Janeiro, siente que se conecta con el otro desde el corazón, Cristina de Buenos Aires, que al abrazarse se genera un diálogo con el cuerpo del otro. Para Simón de San Francisco, que puede ver la naturaleza de las personas. Kalina de Bulgaria siente que hay veces que todo encaja y no existe nada más fuera de ese momento de plenitud compartida.
Este eco universal, capaz de hacer que dos personas entren en una profunda conexión en escasos minutos, parece pura magia. ¿Acaso el abrazo milonguero produce una química que enamora por una tanda? ¿Es este gesto visceral de afecto el que genera tanto bienestar?
La química del abrazo
La ciencia también se ha hecho estas preguntas, y varias investigaciones demuestran que sí. Cynthia Quiroga Murcia, de la Universidad Goethe de Frankfurt, estudió cómo reaccionan las emociones y las hormonas al bailar tango y la influencia de la pareja y la música en ellas. Descubrió que la combinación del movimiento del cuerpo con la pareja y con la música de tango nos hace sentir mejor.
¿Cómo lo hizo? Trabajó con veintidós bailarines y bailarinas de tango, se les expuso a cuatro condiciones, donde la presencia y ausencia de pareja y música variaba, se les pedía que bailasen en un espacio pequeño y cuadrado. Al inicio y final de cada sesión, se les tomó una muestra de saliva para analizar los cambios entre una situación y otra, particularmente observó el cortisol, la "hormona del estrés" y la testosterona, “hormona sexual masculina” aunque presente en ambos sexos, aquí se observó puntualmente su relación con la libido en los dos. Al finalizar se les pedía realizar un breve cuestionario que sirvió para detectar su estado emocional.
La conclusión fue clara: bailar tango nos hace sentir muy bien. La música reduce el cortisol, es decir, influye en disminuir el estrés, y el contacto con la pareja y el movimiento, incrementan los niveles de testosterona. Y si se unen los tres factores, los efectos hormonales y emocionales ¡son más intensos!
Pero no fue la única en hacerse preguntas, investigadores de todas partes del mundo indagaron en aspectos diversos, por ejemplo: se observó que bailar Tango es mejor que meditar a la hora de reducir los síntomas de la depresión. También se estudió en pacientes con enfermedades como el Parkinson, donde se comprobó que hay una significativa mejora de la coordinación motora. A la lista se suman el Cáncer, la Diabetes, las afecciones cardíacas, el Alzheimer, llegando a conclusiones similares sobre como la química que se genera al bailar tango mejora las condiciones, físicas, mentales y emocionales.
Ph: Marcelo Di Rienzo
Ph: João Alves