De Buenos Aires al mundo: el tango argentino un lenguaje universal

Publicado el 19 de noviembre de 2024, 21:51

Dos cuerpos se acercan hasta encontrar un punto de equilibrio. No hay palabras, apenas el pulso de una música que marca el compás y un abrazo que guía, escucha y responde. Desde Buenos Aires hasta cualquier rincón del mundo, el tango argentino reúne a personas que quizás no comparten idioma, cultura ni historia, pero que aprenden a comunicarse con el cuerpo. ¿Será que en la intimidad de ese abrazo el tango encontró un lenguaje propio, uno que no necesita traducción?

Ph: Shasha Cagen

Suenan los primeros acordes de un tango de Troilo con su inconfundible bandoneón, ella lo busca con la mirada, él la ve y la invita a bailar, caminan hacia la pista de baile, se acercan y se abrazan en el más profundo silencio, mientras la voz del cantor comienza su estrofa evocando a la Ciudad de Buenos Aires y a “El Bulín de la Calle Ayacucho”. Una calle que recorre los barrios porteños de Balvanera hacia Recoleta, donde quedaba ése departamento “bulín” en lunfardo, que generan un contraste  con la Plaza del Trocadero junto a la Torre Eiffel en París. 

La tanda musical de cuatro piezas, va transcurriendo sin que ellos pronuncien palabra alguna, mientras sus cuerpos dibujan figuras espiraladas y firuletes en un profundo abrazo. Las parejas de bailarines parecen entrar en un trance tribal, recorriendo la pista de baile en círculo, muchas veces con los ojos apenas entreabiertos para no chocarse. Suena la cortina musical, señal que terminó la tanda, las parejas se separan y vuelven a sus asientos, ella sonríe y le agradece en alemán, él le responde en inglés. Ellos no hablan español, sin embargo, el tango argentino tiene ése no sé qué: más que una danza o un estilo musical, se convirtió en un lenguaje universal de emociones y sentimientos compartidos  que no necesita traducción porque se bailan corazón a corazón

En ese rincón de Francia ocurre lo mismo que en una milonga de Tokio, New York o Buenos Aires. Miles de personas en todo el mundo reorganizan sus vidas, alteran sus rutinas laborales o abordan aviones solo para viajar a algún Encuentro Milonguero y fundirse en un cuerpo ajeno.

¿Qué sienten las personas al bailar tango?

Achim de Frankfurt, contó que una vez una mujer le dijo que bailar una tanda con él era como viajar por las estrellas ,y él vio las estrellas en sus ojos. María de Sevilla, siente que el abrazo tiene el poder de hacerte conectar con uno mismo  y con el otro en total presencia. Según Isolda de Río de Janeiro, siente que se conecta con el otro desde el corazón, Cristina de Buenos Aires, que al abrazarse se genera un diálogo con el cuerpo del otro. Para Simón de San Francisco, que puede ver la naturaleza de las personas. Kalina de Bulgaria siente que hay veces que todo encaja y no existe nada más fuera de ese momento de plenitud compartida.

Este eco universal,  capaz de hacer que dos personas entren en una profunda conexión en escasos minutos, parece pura magia. ¿Acaso el abrazo milonguero produce una química que enamora por una tanda? ¿Es este gesto visceral de afecto el que genera tanto bienestar?

La química del abrazo

La ciencia también se ha hecho estas preguntas, y varias investigaciones demuestran que sí. Cynthia Quiroga Murcia, de la  Universidad Goethe de Frankfurt, estudió cómo reaccionan las emociones y las hormonas al bailar tango y la influencia de la pareja y la música en ellas. Descubrió que la combinación del movimiento del cuerpo con la pareja y con la música de tango nos hace sentir mejor. 

¿Cómo lo hizo? Trabajó con veintidós bailarines y bailarinas de tango, se les expuso a cuatro condiciones, donde la presencia y ausencia de pareja y música variaba, se les pedía que bailasen en un espacio pequeño y cuadrado. Al inicio y final de cada sesión, se les tomó una muestra de saliva para analizar los cambios entre una situación y otra, particularmente observó el cortisol, la "hormona del estrés" y la testosterona, “hormona sexual masculina” aunque presente en ambos sexos, aquí se observó puntualmente su relación con la libido en los dos. Al finalizar se les pedía realizar un breve cuestionario que sirvió para detectar su estado emocional.

La conclusión fue clara: bailar tango nos hace sentir muy bien. La música reduce el cortisol, es decir, influye en disminuir el estrés, y el contacto con la pareja y el movimiento, incrementan los niveles de testosterona. Y si se unen los tres factores, los efectos hormonales y emocionales ¡son más intensos!

Pero no fue la única en hacerse preguntas, investigadores de todas partes del mundo indagaron en aspectos diversos, por ejemplo: se observó que bailar Tango es mejor que meditar a la hora de reducir los síntomas de la depresión. También se estudió en pacientes con enfermedades como el Parkinson, donde se comprobó que hay una significativa mejora de la coordinación motora. A la lista se suman el Cáncer, la Diabetes, las afecciones cardíacas, el Alzheimer, llegando a conclusiones similares sobre como la química que se genera al bailar tango mejora las condiciones, físicas, mentales y emocionales.

Ph: Marcelo Di Rienzo

Ph: João Alves

De los arrabales a la humanidad: orígenes y evolución

Pero esta química universal y sanadora no nació en laboratorios, sino en los márgenes del Río de la Plata a fines del siglo XIX y principios del XX. Buenos Aires, la Reina del Plata, fue la región donde llegaron millares de inmigrantes mayormente europeos, produciéndose una síntesis cultural formando una gran amalgama con las costumbres de los porteños y criollos, dando lugar a una identidad cultural específica. La música de tango es una mezcla de estilos musicales españoles, uruguayos, cubanos, africanos y del este europeo. Su desarrollo en los conventillos porteños —espacios comunes donde las diferentes culturas se mezclaban— ubicados en las cercanías del Puerto, en el barrio de La Boca, fue fundamental para darle una identidad única. La música del bandoneón, un instrumento traído por inmigrantes alemanes, se convirtió en el alma del tango, acompañado por letras cargadas de melancolía y pasión.

Los primeros tangos se bailaron en los arrabales, barrios periféricos de la capital, y en lugares como bares y prostíbulos. Más tarde surgieron las "milongas", salones donde hombres y mujeres bailaban expresando una sensualidad que rompía las normas sociales de la época. Por su origen marginal, el tango fue inicialmente considerado vulgar y rechazado por las clases altas y conservadoras de Argentina.

Nacido en los suburbios, el tango viajó a Europa desde principios de 1900, cruzando culturas y clases sociales. Regresó a Argentina en los años 40, alcanzando gran popularidad, pero decayó a mediados de los 50 debido al auge del rock y las restricciones de las dictaduras militares. Sin embargo, resurgió como un ave fénix de sus cenizas en forma de espectáculos al estilo de los musicales de Broadway, logrando una nueva proyección mundial. Con la vuelta  a la democracia y durante la década del 90´alcanzó su máximo esplendor con el espectáculo “Tango Argentino” estrenado en París en 1983 y  luego en Broadway en 1985. 

A raíz del éxito de éste espectáculo surgieron numerosas compañías de baile. En el 2003 se crearon el Campeonato de Baile de la Ciudad y el Campeonato Mundial de Tango. Para el 2009 la UNESCO  lo declaró como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Claramente, la globalización ha llevado este símbolo cultural porteño a los rincones más insospechados del planeta, convirtiéndolo en un fenómeno mundial que une a personas a través de una misma pasión,  como si cayeran en algún hechizo al compás del 2x4.

No importa en qué continente, ciudad o pueblo se busque, al menos una Milonga o una clase de tango se encuentra. Reflejo de ello, es la cantidad de inscripciones que recibió este año el Campeonato Mundial de Tango que se celebra cada año en la Ciudad de Buenos Aires, con 753 parejas de 53 países. 

Según Silvia Toscano, maestra, bailarina y coreógrafa de tango, miembro y curadora en los jurados de los campeonatos de Tango de la Ciudad y del Mundial, el fenómeno se debe a que hoy día es la vidriera laboral en la que todos quieren estar y también a lo que culturas tan diversas encuentran en el abrazo.

Le preguntamos que siente ella al bailarlo, y su respuesta fue de una profunda y sencilla  sabiduría “El ser humano para sellar un vínculo necesita de un gran abrazo y el mundo está ávido de ellos”.