Más de 3,1 millones de personas congregadas en el Real dejaron 1,9 millones de kilos de basura, lo que obligó a desplegar un operativo extraordinario de casi 600 operarios de Lipasam para salvar la recogida selectiva diaria.
Operarios de Lipasam en la Feria / Ph: Jorge Jiménez
A pesar de los esfuerzos del Ayuntamiento y el diseño de un plan para optimizar la recogida, la edición 2024 deja una cifra histórica: 1.914.660 Kg de residuos, según el balance realizado por Lipasam, un 7,6 % más que en la edición de 2023.
Los casi 600 trabajadores no dieron abasto pese a contar con 113 vehículos e implementar un sistema de recogida permanente durante cada jornada. Según datos oficiales, la celebración de este año fue la más concurrida de la historia desde 1847, con 3.146.698 personas, un 51,6 % más que en la celebración anterior.
“Resulta sorprendente que las personas sean tan descuidadas y sucias”, comentó un trabajador que a lo largo del día va por las calles de albero del Real Recinto Ferial, juntando y clasificando el tipo de residuos tirados sin cuidado —mayormente se trata de jarras, vasos de plástico y botellines de cerveza—. Asimismo, el personal encargado de la limpieza con camiones de baldeo mencionó que la alta presencia de carruajes y caballos hizo que tuvieran que higienizar las calles constantemente, para evitar la propagación de excrementos por todo el recinto.
Entre volantes, tradición y jornadas interminables
Para entender la magnitud de este reto logístico, hay que mirar la esencia inagotable de la fiesta. La tradicional Feria de Abril de Sevilla, un evento singular que se celebra desde 1847, comenzó siendo un punto de encuentro para la compra y venta de ganado, aunque el espíritu alegre de la ciudad pronto la convirtió en una fiesta vibrante marcada por cantes y bailes folclóricos.
Hoy día, miles de asistentes concurren luciendo la indumentaria tradicional como por aquel entonces: mujeres con vestidos de lunares y volantes coloridos, luciendo peinados con adornado de flores o peinetas, y hombres con trajes de camperos de chaquetas cortas entalladas, pantalones de corte recto con cintura alta y sombrero de ala redonda.
Como era la tradición de antaño, las jornadas y las noches son acompañadas del clásico rebujito —mezcla de vino manzanilla, refresco carbonatado— o cerveza muy fría para refrescarse. La oferta gastronómica presenta una gran variedad de tapas que van desde pescaíto frito, tortilla de patatas, aliños variados, hasta los tradicionales churros con chocolate por las mañanas.