La capital andaluza abraza la diversidad con una multitudinaria marcha que combina la fiesta con la reivindicación social, un encuentro donde la tradición urbana y la visibilidad LGTBIQ+ conviven para transformar el casco histórico en un espacio de tolerancia y articulación plural.
Hay ciudades que celebran el Orgullo y otras que parecen transformarse por completo. Sevilla pertenece a este último grupo.
En el mes de junio, las calles se llenan de colores para recordar que detrás de cada bandera hay una lucha que aún se sigue escribiendo.
En la última semana, la capital hispalense volvió a convertirse en el escenario del Orgullo Andaluz, dejando muy en claro que trasciende la lógica del desfile de carrozas para convertirse en un fenómeno cultural, político y social que atraviesa calles y escenarios.
Desde la emblemática Alameda de Hércules hasta la tradicional Plaza de España, pasando por una multitudinaria manifestación que recorrió la ciudad, bajo el lema "Desde el campo a la ciudad, ¡Orgullo, Lucha y Libertad!", la edición 2026 puso el foco en una realidad invisibilizada: la de las personas LGTBIQ+ que viven en entornos rurales, donde la discriminación, el aislamiento y la falta de referentes continúan siendo desafíos cotidianos.
En una Europa atravesada por el resurgimiento de discursos de odio y el cuestionamiento de derechos conquistados. Sevilla respondió con una movilización masiva que encontró en la cultura una de sus principales herramientas de resistencia. Una ciudad profundamente arraigada en sus tradiciones —como la Semana Santa— volvió a demostrar que también puede convertir la diversidad en una expresión de identidad colectiva.
El cartel oficial del Orgullo 2026: una obra de Rubén Terriza
Un pregón coral para una misma historia
El pasado jueves 25, en la Alameda de Hércules, tuvo lugar la apertura de la celebración del Orgullo. Custodiado por las históricas columnas romanas, el escenario del primer pregón coral reunió a cinco voces provenientes de mundos distintos, unidas por un mismo mensaje: la libertad nunca puede darse por conquistada. Una síntesis magistral de lo que significa ser LGTBIQ+ en Andalucía.
El primero en tomar la palabra fue el destacado activista y político del colectivo Manolo Rosado, quien centró su discurso en la protección de las infancias y adolescencias contra el bullying, haciendo referencia a las marcas que deja de por vida, y enfatizó: “ningún niño,niña o joven debería crecer siendo señalado por quien quiere ser”.
La actriz y cantante Jedet, reivindicó el origen político del Orgullo, recordando que nació de la lucha por los derechos civiles y no como una celebración. Su intervención fue una de las más ovacionadas de la noche al señalar sobre los discursos que pretenden relativizar los derechos del colectivo. “Todavía hay gente que piensa que nuestros derechos son negociables, y no lo son. Los derechos humanos no son una opinión. La dignidad de las personas no se debate y el amor nunca va a ser el problema” sostuvo entre aplausos.
Con estilo sevillano, el cantante Falete apeló al humor para responder a quienes critican la visibilidad del colectivo e ironizó sobre las banderas desplegadas en calles y balcones recordando que “esta ciudad lleva siglos adorando al barroco, con lo cual la discreción nunca fue nuestro fuerte”. Sin abandonar el tono, dejó una de las frases más celebradas del pregón: “Hoy llenamos las calles de colores porque durante demasiado tiempo nos pintaron de vergüenza. A quienes quieren que volvamos al armario les decimos con orgullo que no somos polillas para comer madera”.
Si hubo un momento en el que la plaza pareció detenerse fue durante la intervención de la cantautora María Peláe, quien construyó un discurso atravesado por la memoria histórica y la necesidad de no naturalizar las libertades conquistadas. “Somos por los que fueron”, afirmó al recordar a quienes abrieron camino en tiempos donde vivir la diversidad significaba exponerse a la persecución. “Quien recuerda su historia la respeta, por eso no des por hecho los derechos. Les vale con una mentira y un discursito de odio con tal de seguir en la caverna”, expresó. También hizo referencia al colectivo como “el árbol genealógico de la represión”, y concluyó con una sentencia que se volvió viral: "La vergüenza para el odio y para quien lo alimenta”.
El cierre del pregón quedó en la voz de la cantante Laura Gallego, quien encontró en la copla un puente entre la tradición andaluza y la historia de resistencia del colectivo. Además, se definió como “omnívora” y compartió con detalles lo que minutos antes le había ocurrido: una periodista le había preguntado si pertenecía o no al colectivo, y afirmó que: “Mientras a mí me pregunten antes de subirme al escenario si soy o no del colectivo, tendré razones para luchar. La cuestión es: ¿a tí qué te importa?”, concluyó,
La noche cerró con María Peláe y Falete cantando juntos Que digan, una canción que terminó funcionando como un manifiesto. Miles de personas acompañaron el estribillo al unísono, confirmando que el Orgullo Andaluz sigue encontrando en la música una forma de transformar la celebración en memoria colectiva.
Ph: Eva Espósito