Buenos Aires al ritmo del 2x4 vibra y factura: el Mundial de Tango impulsa la economía local de este sector

Publicado el 23 de agosto de 2025, 10:55

El tango en Buenos Aires no solo emociona conquistando escenarios y corazones. También factura, y mucho. El ritmo del 2x4 dinamiza la economía local de este sector, que cada año espera con ansias su “temporada alta”.

En los últimos dos años, los costos de producción de calzado e indumentaria de tango aumentaron hasta un 300%, según estimaciones del sector, en tanto en las milongas de la ciudad, el aumento de alquileres, impuestos, servicios y mercadería ronda por encima del 100%. Aunque el Mundial genere un repunte estacional, la mayoría coincide en que hoy depende del mercado externo para sobrevivir.

Cada agosto, desde hace dos décadas, Buenos Aires “la capital mundial del tango” se transforma en una gran pista de baile y vidriera cultural internacional gracias al Mundial de Tango. Este 2025 no fue la excepción, en su 22ª edición: 850 parejas de más de 50 países llegaron para competir. Por segundo año consecutivo, el campeonato tiene récord de inscriptos, confirmando que el tango, lejos de fosilizarse como una postal de antaño, sigue seduciendo a nuevas generaciones en todo el mundo.

Una pareja que compite gasta entre USD 600 y USD 1000  entre vestuario y calzado. Si le sumamos maquillaje y peinado, clases privadas, o un coach coreográfico si participan en la categoría de escenario, más las horas de sala de ensayo, la cifra llega casi a duplicarse.

Con el correr de los años, el campeonato no solo fue creciendo en la cantidad de parejas concursantes —de 153 en la primera edición de 2003, al boom en 2013 con 556—, sino que también fue incorporando nuevas tendencias en cuanto a vestuario y calzado, aunque estos no formen parte de la puntuación final, se volvieron claves para captar la atención del jurado.

Un zapato de tango cuesta entre USD 50 y USD 150

“En los últimos dos años, los costos de fabricación aumentaron cerca del 300%” señaló Gastón San Juan, diseñador y fabricante de zapatos de la marca  Soy Porteña, que está en el mercado desde 2010. Explicó, que el precio del cuero está históricamente atado al dólar blue y eso impacta directamente en el precio final del calzado. Además señaló, que el consumo local se redujo notablemente, pese a ofrecer cuotas y descuentos, la elevada carga impositiva hace que la rentabilidad sea cada vez menor. Como consecuencia, todo esto provoca una caída en las ventas durante el año en comparación con 2023.

En las últimas dos décadas surgieron numerosas marcas que dan fe de la creciente oferta y demanda, como Neo Tango que se sumó al mercado en 2003 y coincide con Flabella quien fue pionera abriendo el camino en 1981, en que el campeonato tiene un impacto favorable en la economía local, aunque no con la misma fuerza que antes de la pandemia. Período en el cual muchas marcas que aún no vendían online se vieron forzadas a hacerlo para subsistir. De esa forma, encontraron una vía para llegar al mundo y mantener un flujo constante de ventas.

Vestirse para el tango cuesta entre USD 30 y USD 350

Según Lucila Segura, diseñadora de indumentaria para el tango: “En los últimos dos años los costos de fabricación y producción incrementaron más del 100%”. También señaló que aunque durante la época del Mundial repunten las ventas, el mercado más fuerte ya no está en Argentina, sino en el exterior, donde la demanda crece año a año.

La moda también encontró su lugar en el universo del tango. Actualmente, los vestidos que utilizan las bailarinas para competir en la categoría de pista, se asemejan a los que se ven en los grandes espectáculos: sedas y terciopelos negros, mucho strass y encaje, los clásicos preferidos de siempre. Hasta hace unos 10 o 15 años, usaban atuendos elegantes, sí, pero no tan sofisticados.

Y la milonga no podía quedar afuera, claro. Ya no se trata solo de bailar, antes se usaba la misma ropa de calle, hoy ir a “milonguear” implica elegir cuidadosamente qué ponerse. En este terreno surgieron diseñadoras que supieron leer el momento y apostaron a crear líneas de indumentaria pensadas tanto para las pistas como para los escenarios. Roxana Vincelli, pionera e innovadora con su propuesta quien hace casi dos décadas comenzó con un pequeño perchero en las milongas, ofreciendo algunas prendas pensadas para bailar, con telas más flexibles y con el diferencial de confeccionarlas reversibles, pensadas para ahorrar espacio en el equipaje a la hora de viajar.

Aquí hay precios varían según la tela y confección, se pueden encontrar faldas entre los USD 30 y USD 50, vestidos de salón o milonga entre USD 50 y USD 100, mayormente confeccionados en lycra o seda fría, lisos o estampados simples. Entre los USD 150 y USD 350 rondan los más elaborados en telas con strass o lentejuelas, generalmente usados para los escenarios.

Ir a “milonguear” promedia los $7000

La entrada a una milonga cuesta entre $5000 y $9000, la variación está en el día y propuesta. Por ejemplo: de domingo a miércoles los precios rondan entre los $5000 y $7000,  mayormente solo se baila y hay exhibición de baile. En cambio, de jueves a sábados los valores rondan entre $7000 a $9000 algunas tienen orquestas en vivo y suelen finalizar sobre las 4 o 5 de la madrugada.

Las milongas de la ciudad, que funcionan durante todo el año, esperan con ansias el mes de agosto, junto con parte de diciembre y enero, considerados “temporada alta”. Así lo explica Cecilia Troncoso, una de las organizadoras de La Viruta Tango Club, una milonga emblemática del ambiente del tango desde hace 30 años y punto obligado de encuentro para las parejas que compiten, ya que todos están allí. En esas fechas, la concurrencia incrementa entre dos y tres veces.

Durante el resto del año, en cambio, se habla de temporada baja, algo que en los últimos años se acentuó con la situación económica del país. “Argentina es Suiza hoy” señaló Troncoso con ironía, refiriéndose a los precios elevados que desalienta al turismo, el cual disminuyó significativamente respecto a los últimos años.

Argentina transita una inflación elevada, con fuerte presión sobre el poder adquisitivo. El tango, aun siendo un ícono cultural exportable, no es inmune. Este contexto vuelve al Mundial de Tango en una pieza clave que sustenta a muchos en este sector.

La inyección económica de agosto se consume rápido, desvaneciéndose  casi antes del “chan chan” final de un tango. El Mundial de Tango confirma que el 2x4 sigue siendo un lenguaje universal capaz de convocar a multitudes y generar millones. Pero también  expone la fragilidad de un ecosistema que depende en gran medida de un evento estacional sometido a la volatilidad económica argentina.

El tango emociona, conquista y factura… Pero aún baila al ritmo de la incertidumbre.